Este 7 de febrero el equipo de Clock & Roll fuimos invitados al esperadísimo debut del Echoes for Scream Fest, un evento que, sobrado de ilusión, ponía su primera piedra en el panorama peninsular. Suponía para nosotros, además, el segundo estreno festivalero al que tenemos el lujo de cubrir este año. Un auténtico honor el poder ser testigos y externos colaboradores de estos partos musicales.
En cuanto al Echoes, surge como iniciativa de Aarón, actual bajista de Titano y Fixay, con la ayuda de Roberto Rastakiller, ex cantante de The Roots of Tanuki y actualmente en This Is the Way, en un intento de reunir y saciar — musicalmente hablando — a la fanaticada deathcore de Vigo y alrededores. Junto a él, Elegir la Sala Máster como sala de operaciones y combinar bandas locales con formaciones nacionales de cierto renombre dan prueba del nivel de ambición ya desde su mismo estreno.
A pesar de las preferencias deathcore de la cartera musical del Echoes for Scream, el estreno de estrenos corrió a cargo de Nertaken. Para el ponteareano no fue una fecha cualquiera pues presentaba su proyecto personal — o más bien diré unipersonal — encuadrado en un black metal de bases old school e influencias atmosféricas. Por supuesto no podían faltar el corpse paint y la indumentaria clásica de su protagonista, contrastando con la estética general de los allí presentes. No obstante, de entre la multitud de la Sala Máster nos encontrábamos algún que otro extraviado blacker. Afortunadamente, aunque de manera marginal.
Guitarra en mano y despejado de su rol habitual como baterista, Nertaken arrancó con «Al-Bidaya». Sonido clásico y directo, cuyas voces sobrecargadas de delay y eco desprendieron crudeza y vehemencia. Sospecho que en su formato one-man band, él mismo también es el encargado de componer baterías y las restantes bases instrumentales. Pese a la aparente frialdad, estas experiencias unipersonales brindan sostenibilidad y libertad compositiva sin trabas.






Volviendo al repertorio, los pasajes extensos e instrumentales conviven con cortes furiosos y endiablados como en «Viaxe de Trasmutación Urfausta á Maxestuosidade dos Albores do Tempo». Telita con el título, tan extenso como intenso, pues los blast beats arrasaron con todo, descansando sobre secciones sinfónicas de sampler y teclados. También cameló a la fanaticada oscura con riffs hipnóticos, growls de ultratumba y voces corales limpias de corte épico. Elementos hábilmente perfilados en uno de los temas más interesantes de su repertorio.
Hacia el final y dentro de márgenes experimentales y atmosféricos, «Flaming Bones and Daggers of Great Spirit» supuso un dramático mensaje de despedida. Casi 10 minutos de sinfonías demenciales e infernales gritos, esculpidos y escupidos con rabia en un inesperado ritual del horror. Nertaken no vino a procrastinar el caos, sino a recrudecerlo y a volverlo visceral.
Tras la putrefacción y las reminiscencias a tierras escandinavas se dió paso a las modernidades del deathcore con Lost Therapy. Los de Cangas son una apuesta emergente y de futuro dentro del underground local, pues con tan solo 4 conciertos previos sus ganas de detonar dinamita son totales. Esa es la actitud y el desparpajo que se le exige a toda banda de reciente formación.
Los gallegos destacan en líneas generales por su fusión de deathcore y metalcore con voces crudas y sucias allanadas por guitarras afiladas. Con Los Therapy y el resto de bandas se dio una peculiaridad tan generalizada como esperanzadora. Ese aspecto que muchos no pasamos por alto fue la presencia de bajistas con peso y pegada sobre los escenarios junto a un marcado protagonismo en las composiciones. Y si memoria no falla en exceso, con el añadido de tocar sin púa.







Los cambios de tempo fueron una constante así como los riffs machacones y grooveros. En esta línea se mueven los temas iniciales «Me Against Myself» y «Narcissist», este último con unos vozarrones cavernosos. Uno de los momentos álgidos de los gallegos llegó con «Ashes of Betrayal» que inicia con una lenta intro metalcore para pronto incidir en unas bases groove metal que hizo recordar a los mismísimos Lamb of God.
La fanaticada echaba en falta movimiento en el pit y algo de aventura y emociones fuertes. Así es que los peligrosos wall of death entraron en escena junto a algún que otro pogo. En cuanto a «The King» y «Possession» muestran los dos extremos de la banda. La primera directa a la yugular y sin anestesia y la segunda con una composición lenta y accesible mostrando sus influencias metalcore.




Prosiguieron con «The Curse», único tema presente hasta la fecha en plataformas digitales, en donde inciden en la versatilidad vocal y unas instrumentaciones más bien lentas y poderosas. Última gota de alientos con «Spirit Noises from Hell» que auna breaks down rompe crismas, riffs machacones en un cierre siniestro y violento. ¡Ojo cuidao con los chavales del Morrazo! Esta peña va a dar mucho de que hablar. No os vamos a perder de vista.
Tras un breve parón de hidratación saltaron al ruedo, o mejor diré, lo asaltaron los cántabros Down to Suffer. Unos auténticos animales que desde el segundo 0 pusieron al público a hacer puro cardio. Arrancaron con todo, sorprendiendo a propios y extraños con una propuesta salvaje cuya cabeza de lanza es la poderosísima voz de Julen. Su registro de ultratumba y su versatilidad es digno de estudio.
A pesar de sus aventuras extremas, los pasajes melódicos y limpios los ponen en pie de igualdad con el metalcore. En esta línea fluyen «Dead End» y «The Way It Ends», su carta de presentación en la Sala Máster. Por su parte, «Burn the Heretic» supone un despliegue técnico apoteósico, rítmicas letales y un desgarro vocal al alcance de pocos. Si este tema llevase la rúbrica de una banda yanqui o británica estaría encabezando las listas underground de unos cuantos medios. En definitiva, un pepinazo como la copa de un pino.






En la misma línea de virtuosismo instrumental y cuerdas de acero se mueve «Black Flames», cuyo deathcore más oscuro y demonizado llegó a límites insospechados. No obstante, en su tramo final nos sacaron de nuestras casillas con un break lento, lentísimo, levantando del letargo hasta al más somnoliento de los allí presentes. Tampoco debería pasar por alto las bases pregrabadas, un completo acierto, alimentando de epicidad un tema ya de por sí interesante.
No todo fue color de rosas ya que Down to Suffer me dieron posiblemente mi peor momento – y único – de toda la noche. Si mi memoria no falla llegó con «Losing Light», momento en el que aprovecharon para atreverse con una dolorosa sección añadida que mezcla trap y party metal. Lo sé, quizás peque de romántico y purista. Ese mal recuerdo quedó en un espejismo en el momento que sanaron heridas con «Primal Instinct». Deathcore de altos vuelos con un público desatado en su tramo final. ¡Bolazo!




La propuesta más oscura y salvaje de la noche la trajeron consigo Counteractt. Desde la capital hicieron kms hacia las inhóspitas tierras gallegas con la única intención de reventar crismas con su blackened deathcore. Tenía muchas esperanzas depositadas sobre ellos y no defraudaron. La única pega el sonido inicial a los micros, algo desajustado pero solventado con el pasar de los temas. Con todo, ese percance no fue suficiente para empañar una actuación excelsa.
Además de por lo musical, mi amor a primera vista con los madrileños empezó a forjarse con la presencia sobre los escenarios de su precioso bajo sin trastes, así como por la intro del Señor de los Anillos. Con ese tentempié sobre la mesa, es lógico que los comensales desarrollen un apetito voraz. Sobre su setlist, se basó en temas de su álbum «Universal Sadness» junto a otros todavía inéditos hasta la fecha.





Counteractt intensificaron y pusieron el pico de agresividad en sus máximos. Sus primeras detonaciones, de gran calibre, llevaron el nombre de «Penumbra» y «Sector III». Los madrileños no se andan con chiquitas jugando con velocidades exageradamente monolíticas y letales en sus breaks down. Un corte que ejemplifica fielmente este recurso es «The Last Ten Words of Humanity». Deathcore como mandan los cánones.
El enésimo break de supervivencia vino con la velocísima «Latheralus». Contrastes que ensanchan el alma. Otro de los destacados finales cayó a manos de «Death in the Abbys» y el break down más lento y bestial de la noche. Además, la técnica vocal resultó impoluta con una base instrumental que hipnotiza y comprime tus sesos. Los madrileños demostraron ser una maquinaria de destrucción masiva con un nivel superlativo. ¡Palabras mayores!




El ultimo baile de la noche vendría a cargo de Dreadcult. Los vigueses, a pesar de llevar ya un puñado de años de vida, siguen siendo una de las esperanzas de la escena underground local. Su sonido puede encuadrarse en el metalcore, el hardcore, el deathcore e incluso el nu-metalcore. Una sopa de letras de subgéneros que reafirman su aperturismo a la hora de componer.
Muchos podrían pensar que tras Down to Suffer y Counteractt el pescado estaría ya vendido. Incauto quien así lo pensara porque solo unos segundos de «Alice» bastaron para echar esas suposiciones al traste. La fiesta se acaba cuando los vigueses lo decidan. Así, los riffs metalizados, las rítmicas contundentes y la ruda textura vocal atrapó a los asistentes en los que serían los últimos mosh pit de la noche. Todavía quedaba carburante en el depósito.





Sobra decir que el zanganeo no existe cada vez que suena «XI» en directo. Un corte que posee secciones rítmicas salvajes, mini rapeadas y unos riffs con ciertos aires nu metal. Un trallazo total, tan corto como preciso. Cabe destacar también la colaboración de Raúl Entenza, cantante de Cividade Hill. Cantera local y otro máquina a los micros
En el ecuador, «Lonely Misery» cayó sobre nosotros como un relámpago de óxido y putrefacción, sin olvidarse de los pasajes blackened pero también melódicos de «Void». La última estocada de todo el Echoes for Scream tenía que ser memorable. «Deadly Calm» se vistió de onda vital para santificar uno de los momentos más agresivos de la noche con violencia vocal y riffs mortalmente lentos y machacones. Una cacería sin compasión.





Punto y final a la primera edición del Echoes for Scream, en un estreno exitoso en lo puramente musical y con un aforo nada desdeñable. Sabemos que esto no hizo más que comenzar así que os deseamos el mejor de los éxitos y que mantengáis toda la ilusión inicial intacta.
Como último apunte quiero recordar que muchos de los asistentes y todos los músicos llegaron a sus casas agotados, rascados y con agujetas. Éste sin duda, es el mejor de los síntomas post festivaleros en este tipo de saraos. Así que enhorabuena chicos ¡¡Nos vemos el próximo año!!









