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Doomsday at the Bay (09/05/2026)

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Se encendieron todas las alarmas en Vigo, la ciudad de las luces, con uno de los eventos más esperados del año: el Doomsday at the Bay. Un evento custodiado por un cartelón que arrancó el sábado 9 de mayo en la Sala Máster.

¿Metalokolypse Fest y Winterocalypse Fest os suena? Obvio que sí, porque detrás está la misma gente organizando, cuyo Doomsday at the Bay se corresponde con la segunda edición del ya mencionado Metalokopylse Fest. Poca broma…

En esta nueva entrega volvieron a dejar impreso un cartel con grandes nombres de la escena underground local y nacional combinando calidad, nivel y tralla. De esta forma Infrahumano, Pycaya, Hongo y Titano conformaron una jornada de alto rendimiento musical.

Arrancaron la faena Infrahumano, una de las bandas más activas dentro del metal extremo vigués. Su death metal sorprende a propios y extraños por su crudeza, poderío y suciedad sonora. Así, sin anticipos agradables ni concesiones previas derrocharon despliegue técnico, rapidez y violencia. Exigente combinación para un inicio de festival que ponía el kilometraje a altas velocidades.

Poco importó el orden de las bandas, con una sala que acogió una buena entrada ya desde el comienzo. Hacer las cosas bien, con amor y sacrificio es lo que tiene. Volviendo a los vigueses, tan solo unos desajustes de sonido previos desentonaron levemente una actuación compacta en donde las tablas barrieron todo atisbo de dudas.

La poderosa voz de Mauri maldijo todo a su paso, apoyado por unas instrumentanciones altamente afiladas y distorsionadas. De entre su setlist tiraron de clásicos como «Human Cordyceps» y «Point of No Return» junto a un repaso a toca teja de su reciente álbum «Depths of Suffering».

Entre las anécdotas de la noche no podemos pasar por alto la que nos dejó su guitarrista Fabio, quien de manera irónica desafío a todos aquellos que afirman que el metal extremo no reúne a dos e incluso tres generaciones distintas. ¿Por qué lo dijo? Porque allí estaban sus padres y su hija. Un momento emotivo, pero no el único del Doomsday.

Tras esta afectiva interrupción se retomó la metralla y los castañazos en un tramo final que destacó por la demencia de temas como «Battalion of Darkness» y desenlace final de «Shades of Cruelty». Un último epitafio de salvajismo y técnica sin miramientos. Esta peña mejora y se fortalece bolo a bolo.

Para sorpresa de la gran mayoría tocarían Pycaya en segundo lugar, por lo visto, debido a cuestiones logísticas. Sea como fuere los catalanes dieron un show inconmensurable, poco les importó el horario, dejando claro su profesionalismo. Actitud y pulida ejecución afloraron en una propuesta poco habitual y con poca tradición en la ciudad olívica.

Para quienes no los conozcan, Pycaya combina groove metal y hardcore punk, con influencias que van de bandas como Pantera a otras nacionales como Hamlet o S.A., todo ello con una clara seña de identidad propia. Insisto una vez más en su precisa y milimétrica ejecución, así como en los elaborados solos de su líder y fundador Antonio Muñoz.

Una banda nacida para el directo y que supo defender de manera sobresaliente su repertorio basado tanto en su EP «Brutalizándolo Todo» como en su último larga duración «Canibalismo Social». Compactos y pulidos, Pycaya sacó a relucir himnos como «Jodido» y «Nada Nuevo» así como trallazos actuales como «El Día del Despertar».

El compromiso social en sus letras es una de sus señas de identidad, afiladas y sin medias tintas, representando la esencia y la filosofía que desde sus inicios reinó en el underground. Juego, set y partido para Pycaya, quienes se dejaron el alma y la vida en el Doomsday.

El tercero en discordia serían los coruñeses Hongo, una banda tan despiadada como amada entre el público, capaces de producir gritos insonoros y dolorosos así como de crear capas de cuerda post rock sublimes. Sin aparente conexión, pero con una personalidad de hierro meten en un mismo pack el doom, el crust/punk, el sludge, el depressive black metal como el ya mencionado post rock.

Una sopa estilística y de géneros que, a pesar de sacar de la zona de confort al oyente, lo lleva a una vorágine de extraño interés y atracción. La putrefacta y ronca voz junto a las brillantes capas de cuerdas construyen atmósferas que gravitan entre la angustia y la rabia pero también por la calma y la introspección.

Reventaron crismas y algo más con su repertorio, infringiendo asestazos certeros con temas como «Silencio Roto» o «Flechas de Fuego». Por su parte, en «Requiem», guitarras y especialmente bajo monopolizan toda la atención en un extenso viajen onírico. En estas coordenadas los gallegos juegan en otra liga.

A pesar de algún que otro acople nos dejaron un bolazo de altísimo nivel, consagrándose una vez más entre quienes ya los conocíamos pero también quedando como un auténtico descubrimiento para los desconocedores. Con razón Hongo son uno de los grandes referentes de la llamada «escena de la corteza española» ¡Magistrales!

Uno de los momentos más esperados de la noche llegaría con Titano, banda de reciente formación y que haría su primera aparición en casa, en su parroquia y ante su gente. A pesar de sus pocos ensayos y conciertos, los vigueses presenten un aval más que fiable, tan solo hay que pararse a ver su formación, con una nómina de grandes nombres dentro de la escena underground.

Merodeando en el mundo sinfín de Google, llama la atención el que en una nota de prensa se etiqueten como deathcore y argent metal, este último un curioso híbrido del metal industrial y el djent. Subgénero que por cierto, puso en el radar internacional Mick Gordon, reconocido por sus contribuciones musicales en el mundo del videojuego.

Volviendo a Titano, su meteórica proyección los posicionan como una de las bandas emergentes dentro de la escena nacional gracias a su precisión técnica y lo original de su sonido. Así, arrancaron con «Deo Vashara», un trallazo que justifica las etiquetas anteriormente mencionadas: afinaciones extremadamente bajas, baterías directas al pecho y portentoso poderío vocal.

Una combinación de elementos que ya de primeras presagiaban un show demoledor. Siguiendo con su repertorio, «Last of the Brood» es un tema que en relación al estudio gana enteros en el propio directo. Zapatilla y visceralidad confraternizan con ocasionales bajadas de tempo. Entre composiciones propias se colarían también «Disengage» de los californianos Suicide Silence y «The Only Thing They Fear Is You».

Esta segunda versión un intercambio instrumental de golpes entre batería y guitarra de una pieza del ya mencionado Mick Gordon. Agresividad, ficción y epicidad en una misma pieza. No podía faltar su single de adelanto «Apex Is Here», la enésima bomba que combina deathcore ultra lento, riffs bestiales y versatilidad vocal.

Hacia el final se produjo la segunda escena familiar de la noche en el momento en el que los padres de Triple M fueron invitados a subir al escenario. Por un momento las lágrimas y la emoción se intercambiaron por los guturales. Volviendo a Titano, el cuarteto entra en el circuito con la única idea de tirarlo todo abajo a base de pico y pala. A buen seguro que pronto los veremos en grandes festivales y tours por toda la península.

De esta forma se daba por terminada la segunda edición de un Metalokolypse que tuvo de todo: música extrema, enorme acogida, ambiente camaradería y varias anécdotas familiares. Lo que viene siendo un evento de estas características en nuestra humilde y obrera ciudad. Organizado al margen de las instituciones, obviamente…no todo van a ser luces y ataques a la cultura local.

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